Instrucciones para llorar. Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente. Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca. Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos.
martes, 17 de junio de 2008
martes, 10 de junio de 2008
YO Y MI OTRO YO
Estoy parada frente al espejo de mi cuarto y me reconozco en la imagen que veo, pero no soy yo. El espejo se interpone entre nosotras, ambas lo sabemos. Pero ella sabe más, ella sabe por anticipado. Es mi facsímile diabólico y anticipado. Lee el mismo diario todas las mañanas, saluda a mis invitados y se pasea por mi casa, que es su casa cuando yo no estoy, o me sigue a la vidriera del café, al charco de la calle, al lustre de la oficina de mi jefe… la detesto.
Ya no se si lo que vislumbro cuando la veo soy yo o es ella consumiéndome paulatinamente, con paciencia, lacerándome con su mirada, mi mirada.
Ella lleva la cara de la muerte y la penumbra.
Ahora estoy parada frente al espejo de mi cuarto y me reconozco en la imagen que veo, pero no soy yo. Ahora no aguanto. Ahora es ella o soy yo. No soporto una copia que me suplante, quizás no me soporto. Tomo el último sorbo de este champagne barato y le reviento un botellazo en la cara a la del otro lado y ¡zás!, siete años de mala suerte pero a quién le importa ahora. Dejo el espejo hecho añicos y me voy a dormir. En fracciones de segundo veo mi vida pasando frente a mí y comprendo, ahora comprendo pero ya es demasiado tarde. Ahora floto y me veo desde afuera, ahora sí me veo. Esa soy yo, esa era yo.
martes, 3 de junio de 2008
SI… ¿SOY REBELDE?*
Si hay un campo intelectual en el que la paradoja se hace inevitablemente latente es el campo de la rebeldía masiva. Tal “rebeldía”, ataca directamente el individualismo que fomenta la verdadera rebeldía. Me explico: si a mayoría se rebela teniendo todos un objetivo común, las propiedades de la verdadera rebeldía se pierden, ahogadas en el amiquemeimportismo de las masas.
Es un fenómeno muy usual y de moda en estos tiempos, seguir ideologías presentadas por los medios de comunicación masivos. Y muchas veces esas ideologías promueven la falsa rebeldía. Esto provoca que muchos se hagan los rebeldes solo por encajar, cayendo en la más hipócrita de las rebeldías y anulando en su persona todo rastro de individualismo y de verdadera rebeldía.
La falsa rebeldía es, pues, una demagógica invención de los enemigos de la libertad, quienes hábilmente y sin ninguna oposición, hasta ahora, usufructúan lucrativamente el carácter “rebelde” del adolescente, promoviendo sus más bajos valores morales y excitando en él una actitud que se oponga a todo lo que no sea de su agrado. Finalmente, los que se oponen a esta rebeldía masiva son los verdaderamente rebeldes.
Es cierto que siempre han sido los jóvenes (y lo seguirán siendo) los que se han levantado en defensa de la justicia, y así debe ser. Pero nunca podremos protestar por la justicia mientras estemos empeñados en cumplir nuestro papel pedante, harto demostrada su inutilidad galopante.
La buena rebeldía tiene que ser original y basada en principios y valores propios. Sin la originalidad, la rebeldía sólo es una simple emulación, muchas veces ignorante, en la que se suscribe a alguien que se atrevió a pensar sin temor a las consecuencias.
Rebeldía no es sólo oponerse a los convencionalismos, aunque haya que hacerlo cuando estos son injustos, sino más bien dar la cara por lo que se piensa. Ergo hay que pensar, si no es mucho trabajo.
Espero con impaciencia el día en el que podamos mirarnos al espejo y decir con propiedad “si, soy rebelde” porque entonces, solo entonces, dejaremos de soñar.
*:El título y ciertos fragmentos del texto hacen referencia indirecta a la novela “Rebelde”. Cualquier parecido con la realidad es totalmente intencional




